domingo, 17 de octubre de 2010

¿Bolivia Saudita?

El paradigma de las riquezas de las naciones ha sufrido una enorme transformación: en el pasado un nación era rica o no lo era dependiendo de qué tantos recursos naturales controlara.
Hoy, tener abundantes recursos naturales puede ser más una maldición que una bendición. Las naciones son ricas en relación con el acervo de capital humano que han logrado construir; y del nivel de competitividad de su economía, que en esencia es la capacidad de producir bienes y servicios utilizando más eficientemente los factores de producción.
Hoy nadie pone en tela de juicio que el futuro del transporte es eléctrico. Las dudas están es en el cuándo, ya que siguen existiendo importantes barreras para que se impongan masivamente los vehículos eléctricos, barreras tecnólogicas, logísticas y regulatorias. Paralelamente hay enormes intereses creados —principalmente relacionados con la explotación de los combustibles fósiles— que harán todo a su alcance para evitar que los electrones reemplacen a los hidrocarbonos.
Desde un punto de vista de competitividad, la ventaja de un vehículo eléctrico sobre uno convencional no tiene comparación, aunque la vara de medición convencional (kilómetros por galón) no es aplicable. El nuevo estándar es el número de kilómetros por cada peso (o cualquier moneda) gastado en energía. A manera de ejemplo, mientras que una camioneta SUV puede recorrer entre 8 y 12 kilómetros por cada $2.000  de energía (gasolina), un vehículo híbrido en el orden de los 30 kilómetros (gasolina y electrones), un vehículo eléctrico cómo el nuevo “Leaf” de la Nissan recorre cerca de 50 kilómetros. En materia de costos y eficiencia, y por ende de competitividad, el vehículo eléctrico se lleva por delante cualquier otra alternativa.
La primera barrera que enfrentan los autos eléctricos es tecnólogica: el fabricar masivamente —a bajo costo, con reducido peso, y total seguridad— baterías que le permitan al usuario la autonomía y rapidez en recarga que coloquen el vehículo eléctrico en situación de igualdad al auto convencional. Todo parece indicar que la tecnología de punta van a ser las baterías de litio y es aquí en donde entra la seria posibilidad que Bolivia se convierta en la Arabia Saudita de las próximas décadas, porque como lo destacó el New York Times en reciente artículo: “Cuando los autos eléctricos gobiernen, el litio será el rey”. Bolivia tiene casi la mitad de las reservas mundiales de litio, suficiente para producir baterías que alimenten 4.800 millones de vehículos eléctricos, cerca de cuatro veces el parque automotor actual.
De cumplirse los pronósticos, con el advenimiento de la era eléctrica Bolivia, un país de 10 millones de habitantes, si juega inteligentemente sus cartas, se va a transformar en el factor determinante para reducir y eventualmente reemplazar la adicción mundial a los combustibles fósiles. De aquí a finales del 2012, según la firma Price & Waterhouse, las empresas automovilísticas del mundo piensan sacar 42 nuevos modelos híbridos y eléctricos. El presidente de Renault-Nissan, el brasileño Carlos Ghosn, afirma que para el 2020 uno de cada 10 automóviles, camiones y buses (o sea unos 7,5 millones de vehículos/año) va a funcionar con baterías de litio.
El desarrollo del vehículo eléctrico va a ser  aún más rápido de lo que el señor Ghosn pronostica. La razón es que se va a dar un enorme “salto de rana” tecnológico, similar al “salto” que ocurre hoy en día con los celulares pulverizando las líneas de teléfono fijas. Ni la China ni la India producen, ni tienen intereses creados en mantener la adicción a los combustibles fósiles. Para estas dos naciones (cuya supervivencia depende de su nivel de competividad), saltar directamente a la era de los electrones es una apuesta lógica.

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