domingo, 15 de mayo de 2011

La ciudad actual, la vivienda y sus prioridades

En esta hora histórica, toda traba y toda maniobra serán fatales si se dilatan operaciones que ayuden a encarar un tema tristemente irresuelto: la vivienda digna. Es difícil comprender y aceptar que en pleno siglo XXI los mecanismos existentes que deberían facilitar la construcción de vivienda para aquellos hogares menos favorecidos en sus ingresos, sea un verdadero galimatías.
El análisis debe iniciarse, conociendo que las familias del estrato (1) de Cúcuta y su Área Metropolitana, adicionándole buena parte del estrato (2) no tienen capacidad de pago suficiente para adquirir su vivienda mínima que alcanza hoy un precio comercial cercano a los 24 millones de pesos. La cuota inicial o ahorro programado debe rondar el 10% del inmueble, resultando en 2.4 millones de pesos la cifra que debe aportar el beneficiario del subsidio; la diferencia que suma 21.6 millones debería corresponder a subsidios originados en dos fuentes, al primera del orden nacional y la segunda de origen municipal. Lamentablemente el subsidio nacional no supera los 15 millones y el valor restante y faltante debería originarse en subsidio complementario de apalancamiento municipal, mediante obras de urbanismo y aporte de terreno que pudiese entregar la administración municipal. Los requisitos anteriores, el Municipio de Cúcuta y los conurbados, no tienen posibilidad de ofrecerlos y ello es precisamente lo que produce la perdida del subsidio nacional obtenido inicialmente por los pocos que lo han logrado.

En complemento, la empresa privada sí posee terrenos aptos para desarrollo de programas de vivienda de interés social, pero está impedida para adelantarlos en razón de la dificultad existente para lograr los dos tipos de subsidios, generándose allí una insuperable  desigualdad con proyectos promovidos directamente por las administraciones municipales, que a la vez, por carecer de predios e ir acompañadas de una mermada gestión, no promueven casi nunca, amén de la escasez de subsidios en el orden nacional.

Los subsidios originados en las Cajas de Compensación para el caso de Norte de Santander son reducidos y no coadyuvan en la solución de la problemática viviendista, en consecuencia de su escasa fortaleza económica para el otorgamiento masivo de subsidios.

El déficit habitacional actual de la ciudad de Cúcuta alcanza la cifra de 31.500 viviendas, incluyendo las requeridas para trasladar las familias asentadas en zonas de alto riesgo, a los hogares que han sido victimas de desplazamiento forzado y las demás familias de  diversos estratos que por impedimentos de carácter económico no han logrado satisfacer esa necesidad básica. En resumen, el sector de la construcción regional se encuentra inmerso en una crisis, que la Cámara de la Construcción “Camacol Norte de Santander” detectó desde el inicio del año 2009 sin haberse querido escuchar de parte de algunos ese clamor, mostrando desinterés en la difusión de esa verdad, opacando esa claridad respecto al estado calamitoso de la economía local.

Es imperativo percatarse del estado de la ciudad de Cúcuta y sus municipios contiguos como son Villa del Rosario y Los Patios, atrapados en un mar de vicisitudes que no han recibido el verdadero diagnostico de parte de los gobernantes y tampoco de los representantes de la región ante el Congreso de la República. Muy posiblemente de allí se deriva la mínima atención que presta el Gobierno Nacional a esta región de frontera.

En esta ocasión, hagamos un llamado a la Academia para que desde sus estrados, impulsen al conglomerado de estudiantes a evaluar y participar a través de la aportación de ideas que sean conducentes a salir del estado de inviabilidad en que nos encontramos. Reflexionemos en lo siguiente: Nunca una ciudad llega a la noche igual como amaneció. Aún en reposo, la ciudad es un hervidero de vida y de sueños. A pesar de que no somos nada sin la ciudad y que en ella transcurre la mayor parte de nuestros días, es paradójico que muy poco nos preocupamos sobre ella para mejorarla, para hacer que su desarrollo y crecimiento sean para bien de todos. Debemos modificar nuestra actitud: si acaso nos preocupamos del entorno más inmediato, más allá de esos límites es poco lo que nos importan los semejantes y la forma como viven su propio entorno.

RICARDO URAZAN NORIEGA

Mayo de 2011



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